Esta es la visión del grupo de kirchneristas más ortodoxo -a los que ya bautizaron como los "gurkas"-, quienes apuntan sus cañones cargados de revancha hacia el salteño Juan Carlos Romero, y por consiguiente su comprovinciana Sonia Escudero, la riojana Teresita Quintela y el cordobés Roberto Urquía.
Si bien esta visión no es compartida por el jefe de bancada, Miguel Angel Pichetto, la situación de los rebeldes será motivo de debate interno, aunque la intención es, primero, calmar los ánimos, según publica La Nación.
Por lo pronto, el frío hacia los rebeldes ya se está haciendo sentir. Una colaboradora de unos de los senadores apuntados admitió que nadie del bloque se ha acercado para tratar de entablar contacto desde que el proyecto de retenciones móviles fracasó en la histórica madrugada del jueves 17 del corriente.
Para cada caso, los "gurkas" tienen una justificación diferente para reclamar la exclusión de sus colegas del calor de la bancada del Gobierno.
Romero cuestionado
Uno de los más cuestionados es Romero, a quien le adjudican "intencionalidad política" en su rechazo a las retenciones, sobre todo porque fue la propia Cristina Kirchner quien impulsó su designación como vicepresidente del Senado.
Según la versión ultrakirchnerista, el ex gobernador salteño había anunciado una semana antes que votaría en contra, pero también le había dado su palabra al bloque de que Escudero votaría a favor, lo cual no ocurrió.
Además, juran que Romero ratificó su compromiso el día anterior a la sesión. "Todo sigue igual", cuentan que le preguntó en un pasillo el santacruceño Nicolás Fernández. "Sí, sí, quedate tranquilo", dicen que respondió.
Para justificar más sus quejas, los ultrakirchneristas diferencian a Romero de Rubén Marín (La Pampa) y Carlos Reutemann (Santa Fe), también ex gobernadores, que terminaron votando en contra.
Del primero destacan que anticipó que votaría en contra, pero que a cambio dejó a su comprovinciana Silvia Gallego votar a favor. Al ex piloto de Fórmula Uno lo justifican en el hecho de que desde un primer momento se ubicó en defensa de los productores agropecuarios, por lo que nunca contaron con su voto ni con el de la otra peronista santafecina, Roxana Latorre. También habría comprensión para el voto en contra de Elena Corregido (Chaco).
Otro cuestionado en duros términos es el cordobés Urquía. En este caso, le imputan haber votado "pensando en sus propios intereses". Aluden así a la condición de productor agropecuario, propietario de Aceitera General Deheza y, sobre todo, de exportador de granos del empresario.
Los "gurkas" sostienen que Urquía debió haberse abstenido -es la misma lectura que hizo Cristina Kirchner en Olivos el viernes último, cuando recibió a los legisladores que votaron con el Gobierno-, por tener intereses propios involucrados en el debate.
Esta teoría -que también imputaba a la senadora Escudero y a otros de la oposición, como el radical jujeño Gerardo Morales-, llegó al bloque oficialista horas antes de la crucial sesión de la mano del periodista Horacio Verbitsky. En el bloque kirchnerista aseguran que no usaron el trabajo porque "no tenía una sola prueba" que lo respaldara.
Por último, está el caso de la riojana Teresita Quintela, que sorprendió con su pronunciamiento en contra del proyecto de retenciones móviles el lunes previo a la sesión.
Sobre esta legisladora los kirchneristas ortodoxos vuelcan todo tipo de epítetos, aunque no terminan de encontrarle una explicación a su conducta. Eso sí, coinciden en señalar como "imperdonable" su actitud por provenir de una provincia que no tiene producción sojera. |